Un brindis por los mayores amantes del ajedrez

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Un brindis por los mayores amantes del ajedrez

Mensaje por saurau el Miér Dic 05, 2012 3:40 am

¿Quién ama más a nuestro juego?
Carlsen no, ni los demás súper gran maestros. Si ellos no fueran tan buenos, si no ganaran tanto, seguro se dedicarían a otra cosa.
Por ejemplo, el ucrano-argentino Anton Kovalyov: anunció que se retiraría del ajedrez si no lograba convertirlo en una profesión rentable.
De los grandes maestros, Larsen sí fue un gran amante del juego. Era capaz de elogiar al rival tras la derrota, por la combinación o idea que le ha dado la victoria. A Larsen le colmaba el espíritu el buen juego, incluso si perdía. No por nada Najdorf, amigo suyo, lo bautizó El Príncipe del Ajedrez.
Pero Larsen no es el mayor amante de nuestro juego.
El mayor amante es el perdedor. No, no hay nada de despectivo en este adjetivo. Al menos no tal como lo uso en este homenaje.
El perdedor es el jugador aficionado que, a pesar de ser malo y de perder una y otra vez, sigue jugando.
Pasan los años, no mejora, no aprende, pero insiste. Siempre está ahí abajo, arrastrándose un poco por encima del mínimo, fluctuando entre la mediocridad y el desastre total. Carece de talento, y casi seguro que de inteligencia (o brillo intelectual, si lo prefieren), y cuando intenta aprender alguna apertura, alguna ley fundamental, o no la comprende, o sí, pero la olvida pronto. Sin embargo, sigue adelante, no baja los brazos, continúa sumando más derrotas que victorias, y se vuelve espiritualmente refractario a los resultados.
Es el jugador ideal, el más puro, y no lo digo en broma.
Es al que más le gusta jugar.
Una vez, acá, en P8, vi a una chica, o mujer, o niña, apenas erguirse sobre los 1000 de ELO. Ponía su reto, se lo aceptaban, jugaba, perdía (frente a un rival malo) y a los pocos segundos, su reto volvía a aparecer, orgulloso, firme. Un ejemplo de dignidad. Vi algunas de sus derrotas, y me dio pena que perdiera incluso teniendo "ganada" la partida en algunos encuentros. Pese a eso, no se desanimaba. Seguía jugando. ¡Era enternecedora!
Yo no soy un gran amante del ajedrez. Mi rendimiento nunca es menor al 80%, y a veces rondo el 95%. ¿Y si no fuera así? Abandonaría de inmediato, porque odio perder. ¡Ni hablar de ir a parar a la mitad de la lista! Antes la nada que la mediocridad...
Juego, entonces, por narcisismo, no por amor al juego.
¿Mediocridad, dije? En realidad, el perdedor, tal como recién lo describí, es lo opuesto al mediocre, pero en el plano espiritual, ya que no en el juego. En ese plano, yo soy muy mediocre, y el perdedor un crack.
Un brindis por el perdedor, entonces, el mayor amante del ajedrez, más que Carlsen y que cualquier otro ganador. drunken (Me faltó el ícono del brindis, así que puse el de sus consecuencias...)

saurau

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